diumenge, 31 de març de 2013

RUSHDIE, LA IDENTIDAD Y LA LIBERTAD, publico este artículo en El Periódico

EL DEBATE SOBRE EL ISLAM
Saïd El Kadaoui
El Periódico, 31 de marzo de 2013
           


El libro Joseph Anton , de Salman Rushdie, estáescrito por alguien que ha reflexionado mucho sobre la identidad de los europeos venidos de otros lugares, sobre el islam, la libertad y el fanatismo (sufrido en propia carne tras la fatua del ayatolá Jomeini ). Y está lleno de ideas.
     --Cualquier emigrante, por muy afortunada que haya sido su migración, no se libra, según Rushdie , de un problema central: el de la autenticidad. La identidad del emigrado, dice, inevitablemente se convierte en algo heterogéneo. La identidad se compone tanto de los orígenes como del viaje. // Esta es una idea central si no queremos enjaular a las personas en la pertenencia a un origen lejano. La identidad de las personas se va nutriendo de la experiencia vital. Dejemos, pues, de señalar a la gente como inmigrante sempiterna. Y a su vez, los directamente afectados por esta experiencia de migración deben de entender que lo más sensato es ensanchar la identidad y no reducirla, amputarla o encerrarse en un origen que, con frecuencia, parece más mitológico que real.

    --El relativismo cultural es la muerte del pensamiento crítico, es dar apoyo al derecho de los sacerdotes tiránicos a tiranizar, de los padres despóticos a mutilar a sus hijos, de los fanáticos a odiar a los homosexuales y los judíos, porque hacerlo forma parte de su cultura . El fanatismo, los prejuicios y la violencia o la amenaza de violencia no son valores humanos. // Zafémonos, pues, tanto de los puritanos de un bando, que tratan de imponer su ideología adueñándose de toda la cultura y la religión de tantísima gente, como de los orientalistas del otro que, igual que antaño hacían algunos ingleses con el sur de Europa y lo que llamaban latinidad, sostienen que los musulmanes están genéticamente incapacitados para la democracia. «La necesidad de libertad –dice Rushdie– , como la inevitabilidad de la muerte, es universal. Puede que no sea preexistente, siendo como es consecuencia de nuestra humanidad esencial, pero no es negociable». 
  --Si se quiere derrotar al terrorismo, el mundo islámico debe subirse al tren de los principios seculares en los que se basa el mundo moderno. Los jóvenes de Túnez, Egipto, Libia, Siria y todas partes intentan transformar sus sociedades con arreglo precisamente a esos principios. Desean empleo y libertad, no religión. // Yo diría que lo que estamos viendo hoy en esos países confirma en parte la afirmación de  Rushdie . En todo caso, lo que demuestra, entre otrascosas, es que el conflicto, la tensión entre Estado laico y moderno y teocracia existe. Y no se trata de que unos estén occidentalizados y los otros, auténticos, no. No incurramos en el error. Se trata de que el mundo árabo-musulmán (y amazig) no es una entidad homogénea, como no lo es ninguna sociedad.
 Termino con otra constatación del autor: en estos tiempos se arrastra a los hombres y las mujeres hacia una definición cada vez más estrecha de sí mismos, y cuanto más estrecha es la identidad mayor es la probabilidad de conflicto. Joseph Anton, desde luego, es una contribución encomiable al ensanchamiento de las identidades y, por consiguiente, de la libertad.
 Psicólogo y escritor 




 AQUÍ TENEIS EL ARTÍCULO AMPLIADO:
 Saïd El Kadaoui Moussaoui. Psicólogo y escritor.
En este artículo me propongo hablarles de un libro, Joseph Anton, de Salman Rushdie mordiéndome la lengua, conteniendo mis dedos más bien, para no sucumbir a la tentación de hacer una crítica literaria, que, sin duda, sería muy elogiosa.
Lo que me propongo hacer aquí es señalar que este libro está escrito por alguien que ha reflexionado mucho sobre la identidad de los europeos venidos de otros lugares, sobre el Islam, la libertad y el fanatismo (sufrido en propia carne tras la fetua del Ayatollah Homeini).
Algunas de las muchas ideas que he subrayado en el libro y que me parecen muy relevantes, ilustrativas y que enmarcan muy bien el núcleo de la cuestión del que aquí pretendo hablar, son las siguientes:
*Al sumergirse en la vida inglesa, dice Rushdie, le dejaron claro lo que él denomina pecado de extranjería. Hasta ese momento, añade, nunca se había sentido un Otro respecto a nadie. Y la lección que extrajo de ello es tan contundente como pragmática. Había gente a la que nunca le caería bien, gente para la cual él era tan de otro mundo como los hombrecillos verdes de las películas. ¡Y no tenía sentido intentar hacerles cambiar de idea!
¡Chapeau! Bien pensado esto es así no solamente para los inmigrantes. Siempre habrá gente que no entenderá nuestra forma de ser, de pensar, gente para la cual siempre seremos unos extraños. Mirar hacia otra parte, a veces, ayuda a no empantanarse en el victimismo. Hay gente que sí nos entiende. Punto.
*Cualquier emigrante, por muy afortunada que haya sido su migración, no se libra, según él, de un problema central: el de la autenticidad. La identidad del emigrado, dice, inevitablemente se convierte en algo heterogéneo. La identidad se compone tanto de los orígenes como del viaje.
Esta es una idea central si no queremos enjaular a las personas en la pertenencia a un origen lejano. La identidad de las personas se va nutriendo de la experiencia vital. Dejemos pues de señalar a la gente como inmigrante sempiterna. Y a su vez, los directamente afectados por esta experiencia de migración, deben de entender que lo más sensato es ensanchar la identidad y no reducirla, amputarla o encerrarse en este origen que, con frecuencia, parece más mitológico que real.
*El relativismo cultural es la muerte del pensamiento crítico, es dar apoyo al derecho de los sacerdotes tiránicos a tiranizar, de los padres despóticos a mutilar a sus hijos, de los fanáticos a odiar a los homosexuales y los judíos, porque hacerlo forma parte de su “cultura”. El fanatismo, los prejuicios y la violencia o la amenaza de violencia no son “valores humanos”.
Zafémonos pues tanto de los puritanos de un bando, que tratan de imponer su ideología, adueñándose de toda la cultura y la religión de tantísima gente, como de los orientalistas del otro que, igual que antaño hacían algunos ingleses con el sud de Europa y con lo que ellos denominaban la latinidad, sostienen que los musulmanes están genéticamente
incapacitados para la democracia. “La necesidad de libertad, dice Rushdie, como la inevitabilidad de la muerte, es universal. Puede que no sea preexistente, siendo como es consecuencia de nuestra humanidad esencial, pero no es negociable”.
Vierte una crítica, a mi parecer, justa contra la posición dubitativa, iatrogénica, si utilizamos el argot médico, pasiva y naíf de una parte de la izquierda política inglesa – extensible a mi juicio a la izquierda europea- que se resumiría muy bien en una esta afirmación suya: “el mayor peligro de la creciente amenaza era que los buenos hombres cometían el suicidio intelectual y lo llamaban paz. Los buenos hombres se rendían al miedo y lo llamaban respeto”. Nada de agachar la cabeza pues delante de los fanáticos. Otra cosa es a mi juicio lo que hace una parte de la derecha, la más recalcitrante, que, utilizando el argot freudiano, por una cuestión de narcisismo de las pequeñas diferencias, ve el fanatismo del Otro (en este caso el musulmán) mientras niega el propio o lo minimiza.
*Si se quiere derrotar al terrorismo el mundo islámico debe subirse al tren de los principios seculares en los que se basa el mundo moderno. Los jóvenes del mundo árabe, en Túnez, Egipto, Libia, siria, y en todas partes, intentan transformar sus sociedades con arreglo precisamente a esos principios. Desean empleo y libertad, no religión.
Yo diría que lo que estamos viendo hoy en Túnez, Egipto, Libia y Siria, por citar los ejemplos más candentes, confirma en parte la afirmación de Salman Rushdie. En todo caso lo que demuestra, entre otras cosas, es que el conflicto, la tensión entre estado laico y moderno y teocracia existe. Y no se trata de que unos sean occidentalizados y los otros auténticos, no. No incurramos en el error. Se trata de que el mundo árabo-muslulmán (y amazig) no es una entidad homogénea como no lo es ninguna sociedad.
Termino el artículo con una otra constatación del autor: en estos tiempos se arrastra a los hombres y las mujeres hacia una definición cada vez más estrecha de sí mismos y cuanto más estrechas la identidades, mayor la probabilidad de conflicto.
Su libro, desde luego, es una contribución encomiable a favor del ensanchamiento de las identidades y, por consiguiente, de la libertad.

dijous, 28 de març de 2013

RECOMIENDO "PASEOS CON MI MADRE" DE JAVIER PÉREZ ANDÚJAR


CITA: "Tiene más raíces el que se abre a cualquier sitio, que quien
tiene que conformarse con la Feria de Abril o con las fiestas de su
calle".


RECUPERO ESTE ARTÍCULO QUE ESCRIBÍ HACE QUINCE MESES  SOBRE LA TEMÁTICA DEL LIBRO Y SU ACTUALIDAD:

Los conflictos de convivencia
Identidad de clan frente a ciudadanía

La exclusión social de la población foránea llegada a los barrios alimenta su encierro en sí misma

El Periódico, martes, 17 de enero del 2012

El asesinato de Ibrahima Dyey, un senegalés de 31 años originario de Saint Louis, en el barrio del Besòs a manos de un hombre de etnia gitana me cogió leyendo un libro que recomiendo vivamente: Paseos con mi madre, del escritor Javier Pérez Andújar. Una preciosa reflexión sobre el paso del tiempo y la identidad marcada por la periferia. Y un gran homenaje a Sant Adrià de Besòs.
       Al día siguiente leí en los diarios las declaraciones del alcalde de Barcelona, Xavier Trias, que desvinculaba el crimen de la violencia racista, pero señalaba que se había producido en un lugar conflictivo (el barrio del Besòs), Y las del conseller de Interior, Felip Puig, que a pesar de insistir en que se trataba de un hecho aislado quiso añadir que se trataba de un grave error negar que la diversidad genera conflictos, lo que, a su juicio, se ha hecho a través de una visión que calificó de «buenista». Luego seguí leyendo el libro de Pérez Andújar y me encontré con una afirmación ocurrente que subrayé: «Para ser multicultural basta con ser pobre, porque cada pobre lo es a su manera». Y unas páginas más adelante, en un tono que siempre combina la aflicción, la ironía y la reivindicación, nos permite hacer de flaneurs con él (de hecho, lo maravilloso del libro es que el lector pasea por la vida del autor; mejor, del personaje) y nos habla de la gente que ve. Y en un momento dado se detiene en los pensionistas. «La democracia -dice­- la fueron conquistando estos hombres y mujeres calle por calle, árbol por árbol. Conseguir un colegio público en un barrio que no lo tenía, la construcción de un ambulatorio donde no llegaban los médicos; dejar una plaza sin edificar para que los niños jueguen. (...) Quienes llegan detrás creen que eso lo pone la naturaleza, como las hierbas y los saltamontes. Pero lo pone la política, y las cosas hay que conquistarlas permanentemente. Lo primero que ha quitado el Gobierno de Convergència al recobrar el poder ha sido eso: bocas de metro, guarderías, maestros y hospitales públicos».

        Este artículo no hablará de la responsabilidad individual que, naturalmente, se encuentra en todo acto perpetrado por una persona. De lo que me interesa hablar es de la democracia de la que habla Pérez Andújar y de cómo la exclusión puede generar conflictos graves.

         Al conseller Puig no se le escapará el hecho de que en Can Barça la diversidad puede que genere algún conflicto, pero nada que ver con las alegrías que depara. Y que la diversidad de la zona alta de Barcelona, que existe, no genera hechos noticiables. Es decir, que, si entiendo bien al conseller, y copiando a Pérez Andújar, para ser diverso solamente hace falta ser pobre. Estamos hablando, pues, no de diversidad sino de pobreza, marginación y exclusión. Si es así, estoy de acuerdo con el conseller.

         Y si hablamos de esto, es necesario que en estos barrios se fomente la ciudadanía activa, la de la democracia real de Pérez Andújar. Que tanto los que ya estaban hace mucho tiempo (como mucha de la población gitana que allí vive) como los más nuevos (como es el caso de los senegaleses, chinos, marroquís, etcétera) luchen por conseguir mejorar su entorno.

        La cruda realidad es que no será el poder (que, como un péndulo, se va moviendo entre la beneficencia y el olvido más absoluto) el que arregle nada. Deberá ser la propia gente de los barrios. Los pensionistas tendrán que dar el relevo a una gente joven multicolor que se volverá a encontrar con las mismas dificultades -o si me permiten decir todo lo que pienso, con muchas más- que ellos.

          Algunos expertos hablan de una negativización de la propia identidad de las minorías cuando no se permite su inclusión social. Un hecho que, entre otros muchos factores, se debe a la identificación con la imagen denigrada que tiene de ellas la sociedad y que da lugar al reforzamiento de la identidad étnica. Y cuando en estas mismas condiciones de exclusión vive gente de diferentes procedencias, lo que puede pasar es un cierre aún mayor y el reforzamiento de la identidad de clan (similar a la identidad prisión de la que hablaban algunos autores franceses, concepto que, por cierto, acuñaron para describir la realidad de una parte de los inmigrantes españoles, entre otros). Justamente lo que hay que intentar evitar.

        Los jóvenes que allí viven tienen dos grandes caminos a seguir: el de la lucha por la democracia o el del encierro en un solo grupo de pertenencia. Es decir, el de la ciudadanía o la identidad de clan.
          Y ya que no vivimos, como hace unos años, una época de vacas gordas y somos conscientes de que estamos en épocas de cerrar servicios y de derogar leyes que comprometían inversiones en los barrios, sí podemos exigir algo más de complejidad en el discurso. Especialmente, en el de los políticos. La diversidad genera conflictos, sí, como casi todas las cosas importantes en la vida; los barrios conflictivos existen y los delitos son responsabilidad de la persona que los comete, efectivamente. Tan verdad es eso, sin embargo, como que necesitamos (el poder necesita) construir la figura del otro en la que verter nuestra propia miseria. Y, casualmente, este otro suele vivir en barrios periféricos como el Besòs.
Said El Kadaoui, psicólogo y escritor
 Leer en El Periódico

 OTROS LIBROS QUE RECOMIENDO:
Amor a la carta, de Xavier Rius
LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO, DE VARGAS LLOSA
"X" DE PERCIVAL EVERETT
EL MAL ÁRABE, DE MONCEF MARZOUKI     

Salman Rushdie, Memorias    

Demonios íntimos, de Xavier Rubert de Ventós
Hacia una democracia laica, voces de mujeres musulmanas
Ara i aquí, P. Auster i J.M. Coetzee

Mi oído en su corazón, de H. Kureishi  

dilluns, 25 de març de 2013

ARTÍCULO SOBRE TÁNGER Y LAS MUTACIONES SUFRIDAS. EL ISLAMISMO PENETRA EN MARRUECOS

Recomiendo este artículo de  Houda Louassini, publicado en El País

¿Réquiem por Tánger?

24 de marzo de 2013

Esta ciudad refugio, abierta y cosmopolita, está sucumbiendo a la ola islamista

"Los movimientos islamistas son cada vez más fuertes. Se organizan en asociaciones de beneficencia lideradas por personajes adinerados o subvencionadas por miembros más discretos, algunos de los cuales acumularon fortunas multimillonarias con el contrabando de drogas u otras actividades ilícitas. Los partidos islámicos están muy presentes
en la sociedad civil y mueven los hilos de asociaciones muy activas.
Sus reuniones pueden contar con miles de asistentes. Tienen los medios y la logística, y el pretexto es celebrar actos caritativos. Tras proyectar diapositivas de operaciones a niños necesitados gracias a sus donativos, predican y suman seguidores"

  


 "Tánger es realmente el pulso del mundo,
como un sueño que se extiende del pasado al futuro,
una frontera entre el sueño y la realidad,
que cuestiona la realidad de uno como la del otro.
Aquí nadie es lo que aparece”.
(William Burroughs, 1954)

 
Cada vez que me acuerdo de mi ciudad natal veo su luz tenaz. Aparece envuelta en esplendor, gracias al indulto que se concede a las reminiscencias de la niñez cuando la edad adulta nos sacia de decepciones. Tánger no es una ciudad cualquiera; su impronta trasciende la nostalgia de un pasado ingenuamente glorioso y se traduce en un arraigado sentimiento de pertenencia a un lugar único.
       Gente colorida y variopinta, tangerinos de distintas confesiones y orígenes, transitaban por sus calles blancas. Les unía la elección o el destino de compartir esta tierra de mezclas, ancestral puerto abierto a los viajeros. Cualquier desterrado encontraba en Tánger su refugio.
Otra particularidad era su estatus lingüístico; se hablaba y entremezclaba el árabe, haquitía —el dialecto judeoespañol—, español, francés, inglés e italiano. Los tangerinos cambiaban de idioma según su interlocutor. “En Tánger, políglota era aquel que dominaba del quinto idioma en adelante”, decía Carlos Nezry.

       Mi propósito es hablar del pasado para llamar la atención sobre el declive acelerado de una ciudad emblemática. Nuestra sociedad multicultural, abierta y cosmopolita está en vías de extinción. La ola islamista en Tánger se propaga con una celeridad alarmante.
       Desde hace unos años, volver a Tánger siempre es una alegría y una congoja; alegría por volver a casa y congoja por no reconocer los espacios de la infancia y constatar una mutación social enmarañada. En un reciente viaje, sentí la animosidad del otro desde que pisé el suelo. El taxista que me llevó a casa desde el aeropuerto insultó, a lo largo del recorrido, a todas las mujeres que no llevaban el hiyab. Creí oportuno recordarle el hadiz del profeta que recomienda a “los buenos musulmanes” bajar la mirada ante una mujer.
      Afrontar la calle es uno de los momentos más duros. Una se siente asediada por las miradas de los hombres que profieren insultos cada vez más vehementes sin que nadie se inmute por esa humillación a las mujeres sin hiyab. A esta persecución se suman las miradas de las señoras con hiyab. Es la mirada insolente de quién se cree en posesión de la verdad, de quien tiene la certeza de formar parte de los elegidos de Alá. A cada vuelta, veo más mujeres completamente tapadas, vestidas con la abaya: un largo manto negro y un velo que les cubre la cara.
 
       Hasta la alegría de ver a mi familia se ha resentido, porque el fenómeno ha penetrado en ella. Mis primas ahora llevan el hiyab, cada vez más pronto: a los 18 o menos. Sus madres fueron de la generación de los setenta. Aquellos fabulosos años de apertura, cuando los vientos de la libertad también soplaron sobre Marruecos gracias a las revueltas estudiantiles del 68 y a los movimientos de liberación de la mujer. Mis tías gritaban entonces, ataviadas con sus minúsculas faldas estampadas con flores de vivos colores: “No a la guerra y sí al amor”. Las fotos y los álbumes familiares son testimonio de aquella época. Por desgracia, mis tías también se dejaron arrastrar por la ola regresiva y represiva y se convirtieron a este islam oscuro y resentido. Un muro se ha instalado entre nosotras; ya no es posible ninguna comunicación con ellas.
      Repetían los optimistas de mi país que el radicalismo islámico nunca triunfaría en la sociedad marroquí. Pues se equivocaron. El salafismo se ha infiltrado en las entrañas de la sociedad gracias a los predicadores wahabíes de las cadenas televisivas de los países del Golfo que invadieron los hogares; y también gracias a la labor subterránea, desde hace décadas, de los imames instruidos en Arabia Saudí. Esos predicadores, auténticos papagayos de sus bienhechores (como algunos saudíes que construyen mezquitas en Tánger para hacerse perdonar sus excesos nocturnos en sus palacetes de las afueras) han consolidado la doctrina salafista entre los jóvenes y menos jóvenes.
      Los movimientos islamistas son cada vez más fuertes. Se organizan en asociaciones de beneficencia lideradas por personajes adinerados o subvencionadas por miembros más discretos, algunos de los cuales acumularon fortunas multimillonarias con el contrabando de drogas u otras actividades ilícitas. Los partidos islámicos están muy presentes en la sociedad civil y mueven los hilos de asociaciones muy activas. Sus reuniones pueden contar con miles de asistentes. Tienen los medios y la logística, y el pretexto es celebrar actos caritativos. Tras proyectar diapositivas de operaciones a niños necesitados gracias a sus donativos, predican y suman seguidores.

      Tánger se ha transformado en una ciudad de inmigración y de éxodos rurales. Prolifera una clase social modesta que trabaja en las fábricas y reside en suburbios y barrios insalubres. El islamismo ha encontrado pasto favorable a sus predicaciones en el seno de esta población, sensible a una voz que llama la atención sobre la corrupción del aparato gubernamental y político, que denuncia la injusticia social y las grandes desigualdades en la sociedad marroquí. Los musulmanes que no están de acuerdo con los radicales no tienen voz y la censura que impone ese islam tenebroso, el de ellos, ha conseguido acallar a los opositores. ¿Hasta cuándo vamos a dejarnos aterrorizar por esos apóstoles del oscurantismo?
     En su revelación, el profeta fue un innovador indiscutible de su tiempo; consiguió, por ejemplo, cambiar la situación legal de la mujer otorgándole unos derechos revolucionarios para el contexto sociocultural de la Arabia de entonces. Catorce siglos después, los islamistas continúan pensando que es un estatuto válido para la sociedad actual. Ni siquiera el profeta en sus peores pesadillas hubiera imaginado que el futuro de la sociedad musulmana iba a seguir encadenado a tales preceptos. El islam tiene su época y su lugar, dijo el profeta. Y el Corán insta a los creyentes a reflexionar, debatir y razonar. Desgraciadamente es una actividad poco fomentada y practicada.
Tampoco es cuestión de seguirles el juego, es decir, argumentar contra sus falacias acudiendo a los textos sagrados. Los que en Marruecos creen en la libertad religiosa, en la laicidad y en la dignidad humana deberían dejar de sentirse atemorizados e intimidados por la virulencia de los fascistas de nuestros tiempos.  No se está haciendo lo suficiente para contrarrestar esa avalancha.
      En cuanto a la izquierda, está representada por una élite francófona, que se niega a ver la realidad; los intelectuales brillan por su ausencia en los debates sociales. Sin embargo, en los últimos dos años, un cierto despertar ha sacudido las fuerzas de izquierda gracias al Movimiento del 20 de Febrero, abanderado por una juventud activa y cercana al pueblo.
       Tampoco quiero ser injusta. Reconozco los esfuerzos para devolver a Tánger algo de su esplendor urbanístico. Constato que los monumentos se pueden restaurar y se pueden volver a plantar los jardines. Ojalá algún día se puedan restaurar las mentalidades para que germinen las semillas de convicciones más serenas y pacifistas. Y que la personalidad tangerina, cuyo lema era “vivir y dejar vivir”, pueda reverdecer.
Houda Louassini es traductora.

 Leer en El País

dissabte, 23 de març de 2013

UN ARTÍCULO MUY INTERESANTE: "PRIMERO APRENDE Y SOLO DESPUÉS ENSEÑA"

(Recomiendo este artículo publicado en El País)

Enrique Moradiellos, El País, 22 de marzo de 2013

El informe de los inspectores educativos de la Comunidad de Madrid sobre el desastroso nivel de conocimientos culturales positivos de los licenciados en Magisterio ha sacado a la luz un “secreto” bien conocido en las aulas universitarias españolas en general y en las de las Facultades de Formación del Profesorado en particular. Y los que hemos tenido contacto con ese problema de manera directa y fehaciente podemos dar fe de ello por experiencia propia.
Lo más preocupante de algunas reacciones al informe por parte de los afectados es la negativa a contemplar el núcleo del problema: que la formación universitaria recibida ha descuidado gravemente los fundamentos disciplinares (el conocimiento derivado del cultivo de las disciplinas científico-humanísticas: historia, matemáticas, literatura, biología…) en beneficio del saber formal y procedimental de las “ciencias de la educación” (teorías psicopedagógicas, doctrinas didácticas, praxologías docentes…). Tal es el caso de la reacción de la alumna mencionada en el artículo de este mismo diario (Un fallo docente desde la base, 14 de marzo de 2013) que desconocía la ubicación de los ríos Ebro, Duero y Guadalquivir: “A mí no me tendrían que preguntar los ríos de España, es mucho más importante que evalúen mi capacidad para enseñárselos a un niño ciego”.
Se trata de una respuesta asombrosa e inquietante por su patente desafío a toda lógica intelectual humana (¿cómo enseñar algo a un alumno ciego si no se sabe hacerlo a uno vidente?) y también al principio básico de la pedagogía más clásica y ya casi bimilenaria: Primum discere, deinde docere (primero aprende y solo después enseña). Un principio, por cierto, remarcado una y otra vez por los mejores pedagogos y psicólogos de la educación que han abordado el problema. Así, por ejemplo, se expresaba Richard S. Peters, famoso director del Institute of Education de la Universidad de Londres, allá por 1977: “Si hay algo que debe considerarse como una preparación específica para la enseñanza, la prioridad debe darse al conocimiento exhaustivo de algo que enseñar. Un profesor, en la medida en que está vinculado a la enseñanza y no ya a la terapia, la socialización o el asesoramiento sobre oficios y carreras, debe dominar algo que pueda enseñar a otros”. Y así corrobora ese aserto algunos años después una figura como Margret Buchmann desde una institución homónima de la Universidad de Michigan: “Conocer algo nos permite proceder a enseñarlo; y conocer un contenido disciplinar en profundidad significa estar mentalmente organizado y bien preparado para enseñarlo de manera general. El conocimiento de contenidos disciplinares es una precondición lógica para la actividad de la enseñanza; sin él, las actividades de enseñanza, como por ejemplo hacer preguntas o planificar lecciones, están colgadas en el aire”

 Hannah Arendt advirtió de que la pedagogía se emancipó de la materia que se va a transmitir


         ¿Cómo hemos llegado a esta ridícula, pero grave, situación? Dejando aparte conocidas razones sociográficas derivadas de la conformación de un gremio profesional con aspiración al control unívoco de una materia definida como “ciencia de la educación”, la clave probablemente está en la difusión de unas filosofías y antropologías psicopedagógicas de perfiles muy pragmatistas y formalistas que han llegado a ser hegemónicas en el campo de la pedagogía y la didáctica (y en los planes de estudio del magisterio español, de paso). Ya en los años sesenta del siglo XX, cuando esta deriva comenzaba a extenderse por Estados Unidos, Hannah Arendt lanzó una llamada de alerta con su habitual perspicacia: “Bajo la influencia de la psicología moderna y de los dogmas del pragmatismo, la pedagogía se desarrolló, en general, como una ciencia de la enseñanza, de tal manera que llegó a emanciparse por completo de la materia concreta que se va a transmitir”. Una década después, era el pedagogo canadiense Lucien Morin el que advertía contra los desvaríos de unos “charlatanes de la nueva pedagogía” que querían hacer tabula rasa de todas las experiencias docentes previas en aras de una modernidad mal entendida. Sus palabras son particularmente actuales a la vista del caso madrileño: “Todos afirman que gracias a las ciencias de la educación serán más respetadas las exigencias intelectuales y, sin embargo, lo que está ocurriendo en todas partes es exactamente lo contrario”.
        Ciertamente, no cabe duda de que las perspectivas psicopedagógicas mencionadas adolecen de sustancialismo formalista metafísico (“se puede enseñar de todo a todos al margen de los contenidos enseñables”), carecen de fundamento racional lógico (el mantra de “aprender a aprender” no dice nada: aprender a aprender solo quiere decir “aprender”) y resultan dañinas pragmáticamente en el plano docente (¿qué ganamos con llamar “segmento de ocio” al recreo, “permanencia de ciclo” a la repetición de curso o “diseño curricular básico” a la elaboración del programa de estudios?).
          En esos planteamientos late el presupuesto falso de que en la enseñanza y el aprendizaje, como actividades humanas regladas para la transmisión y adquisición de conocimientos positivos y habilidades pragmáticas, cabe diferenciar y analizar como distintos y autónomos a la forma y a la materia, al continente y al contenido, al pretendido proceso efectivo fijo y regular (la razón que sobrevuela) y a sus supuestos componentes ocasionales y aleatorios (la empiria que es estructurada). Solo desde este punto de mira la pedagogía y la didáctica serían así verdaderas “ciencias” soberanamente autónomas que mostrarían y desvelarían el proceso formal, racional y continente de la “educación, la enseñanza y el aprendizaje”, con independencia de lo que pudiera ser la materia prima, el contenido disciplinar, el campo empírico y semántico referencial, de esas actividades.
 Un maestro debe rebatir y mantener a raya la verborrea pretenciosa de la ciencia educativa

          Pero esa es una pretensión falaz y su resultado un desastre cultural sin paliativos en el horizonte. ¿Por qué? Porque, en sentido estricto histórico, no es posible aprender a enseñar, como tampoco a pensar, sin que esos verbos transitivos tengan un complemento predicativo inherente e inexcusable que defina y aclare su sentido: ¿Enseñar qué? ¿Pensar en qué? ¿Cabe pensar en un joven que piense sin que añadamos sobre qué está pensando: el próximo examen a preparar, su futuro profesional, la situación familiar, la angustia de la soledad, la dicha de ser amado, el presentimiento de la mortalidad, la compleja entidad del pensamiento reflexivo? ¿Acaso puede ser lo mismo enseñar a leer a un niño, que a operar con elementos químicos a un bachiller, que a conducir un coche a un joven, que a traducir textos del latín a un neófito interesado pero adulto, que a identificar las estructuras estelares a través de un telescopio de nueva gran potencia a un astrónomo en formación posdoctoral? Y por eso mismo, con independencia del interés, aplicabilidad y eficacia potencial (indudable, a nuestro juicio) de los saberes pedagógicos y didácticos, el acto educativo y la labor de enseñar y de aprender siempre será una materia informada (es decir: la única posible, puesto que la materia informe es incognoscible o es la nada absoluta o la estéril totalidad indiferenciada) y siempre un continente contendrá algún contenido (porque de lo contrario no sería tal, aunque dicho contenido fuera en su límite como un conjunto vacío, un sistema de partes ausentes o simplemente un valor cero).
         En resumidas cuentas, todo maestro y profesor y todo alumno y estudiante que aspire a ser maestro-profesor (siempre de algo: desde la especialidad de formación para pedagogo y educador infantil a la de instructor de vuelo aeronáutico o experto latinista; no hay profesor “de todo y para todo” ni educación “en todo y de todo”) debe conocer los fundamentos básicos de sus disciplinas y algunos más específicos del saber acumulado por las investigaciones pedagógicas y las experiencias didácticas. Pero también debe desconfiar, rebatir, ponerse en guardia y mantener a raya la verborrea pretenciosa y vacua de una supuesta ciencia holística de la educación formal, inmaterial e incontaminada de contenidos efectivos conceptuales y empíricos. Y es preciso y urgente que esta evidencia penetre en las aulas de las Facultades de Formación del Profesorado. Por mera razón de supervivencia propia y autoestima profesional.

Enrique Moradiellos es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura.

dimarts, 12 de març de 2013

DE LA INMIGRACIÓN A LA CIUDADANÍA, mi último artículo en el Diario.es

12 de marzo de 2013
 El pasado sábado se celebró la primera convención que abría el proceso de primarias que celebrará el PSC de Barcelona el año 2015 para escoger a su alcadable. A mí me invitaron a participar como ponente para aportar ideas sobre el discurso que debe favorecer la cohesión social. Cómo pasar de la inmigración a la ciudadanía, éste era el título de la mesa donde participaban también otros ponentes.
Comenté que, en mi opinión, son tres los discursos que se pueden hacer sobre la inmigración:
1. El asimilaconista. La persona que viene de otro lugar se encuentra una sociedad ya hecha, como insertada en un molde rígido, y lo que tiene que hacer es adaptarse y no pretender cambiar nada. Tiene que ser la persona la que cambie para formar parte de ella.
2. El utilitarista-expulsivo. En los momentos de bonanza, cuando se necesita mano de obra, se abren las puertas, ya sea para ir a buscar la contratación en su origen o bien haciendo la vista gorda ante la cantidad ingente de personas que cruzan la frontera. Ahora bien, en momentos de crisis como los que estamos viviendo, estas personas se ven obligadas volver a su país de origen.
Estos dos grandes discursos lo que hacen es amputarle a la realidad una parte de su complejidad. La esconden bajo una concepción nacionalista de la sociedad (los auténticos y los forasteros) o bajo posicionamientos claramente xenófobos. Por lo tanto, son discursos que nunca se ajustarán a la realidad de una sociedad cambiante ni a la subjetividad de las personas.
3. El inclusivo-integrador. Es aquel discurso que acepta que la condición de inmigrante no es un estatus permanente y que facilita su inclusión como verdaderos ciudadanos.
Algunas de las ideas (y los autores) que a mí me han ayudado a entender tanto el contenido como los límites de este último discurso son las siguientes:
Kwame Anthony Appiah afirma, y ​​yo lo comparto, que la dignidad humana y la libertad individual son innegociables. Todas aquellas ideas o ideología que no admita estos límites no tienen cabida, a mi entender, en este discurso. Por lo tanto, el relativismo cultural no cabría. Nos han de regir los valores universales.
Edward Said y su concepto de orientalismo. No nos podemos conformar con una teorización del otro llena de prejuicios eurocéntricos, construidos a lo largo del tiempo, y que no se ajusta a su realidad compleja. Esta visión reduccionista, ingenua  -en el mejor de los casos-, perversa -en el peor-, es una humillación constante a una de las culturas de muchos de los ciudadanos que ya son europeos.
Jorge Steiner hablaba de otro orientalismo que yo también encuentro interesante. Tendría que ver con la fascinación por el otro. Querer imitarlo. Despreciar, por ejemplo, la racionalidad occidental e ir a buscar la espiritualidad de la India, sin darse cuenta de que esta es una visión maniquea del mundo.
Edgar Morin y su concepción del 'pensamiento complejo'. No podemos, como dice él, reducir a la persona a una mínima parte de sí misma. Necesitamos un pensamiento que aborde la complejidad para entender la complejidad del mundo.
Y ligado a esto último, encuentro muy interesante la concepción de la identidad del Amin Maalouf. Nuestra identidad está en permanente construcción. Es como un rompecabezas hecho de muchas piezas y que, a su vez, puede ir incorporando otras nuevas. Esta idea dinámica de la identidad es muy útil especialmente para los hijos de las personas que en su momento emprendieron el proyecto migratorio. Se corresponde más con su realidad. Una de las peores cosas con las que debe luchar la persona es con la identidad prescrita por los demás. Y nuestra concepción mayoritaria de la identidad es una muy ligada al origen.
Y, finalmente, comenté que una de las mejores maneras para desarticular el discurso xenófobo es, en mi opinión, que las mismas personas originarias de otros países y que hoy día son militantes o simpatizante de un partido político, se encarguen de combatirlo denunciándolo pero mostrándose muy críticos también con algunas actitudes defensoras de su propia comunidad que, por otra parte, es tan compleja y heterodoxa como la misma sociedad. Nadie, pues, puede erigirse en su representante absoluto.
Imagen de mi intervención

dilluns, 11 de març de 2013

ESTE MÉRCOLES, 13 DE MARZO, ESTARÉ EN MÁLAGA HABLANDO DE MI NOVELA "LÍMITES Y FRONTERAS"


Ir a la página web de la Fundación Tres Culturas
 
 
Miércoles, 13 de marzo de 2013
Centro Andaluz de las Letras. Málaga, 20.00 h.

La Fundación Tres Culturas del Mediterráneo y el Ministerio Encargado de los Marroquíes Residentes en el Extranjero, en el marco del Proyecto MENARA, recorre varias provincias andaluzas con el club de lectura. La cuarta de las obras seleccionadas para esta actividad será Límites y fronteras (Editorial Milenio) del escritor marroquí Saïd El Kadaoui Moussaoui que estará junto al periodista y director del Centro Andaluz de las Letras, Juan José Téllez.

Resumen obra
Perder la razón es franquear el límite que separa la cordura de la locura. Es ser un extranjero para uno mismo. Emigrar, cambiar de país, es ser un extranjero en una tierra que hay que convertir en propia. Límites y fronteras es una novela que intenta indagar en la condición de extranjero. Ismaïl, su protagonista, sufre un brote psicótico que requiere de un ingreso en una clínica psiquiátrica. Allí descubrirá que su ataque de locura es la oportunidad que le brinda la vida para conocerse e integrar todas sus pertenencias y sueños en una sola identidad.

Saïd El Kadaoui Moussaoui (Marruecos, 1975) llegó a Cataluña a los siete años. Actualmente trabaja como psicólogo en el centro de salud mental infantil y juvenil de Gavà (Barcelona). Entre otros másteres, ejerce de docente en el posgrado de Salud Mental en Inmigrantes, Refugiados y Minorías (UB). El tema de sus conferencias y clases gira en torno a la salud mental en contextos de migración, identidad y adolescencia. En 1997 ganó el premio Huarte de San Juan por el trabajo de investigación titulado 'El Laboratorio de Experimentación Psicológica del Grupo Benéfico'.

Saïd publicó su novela Límites y Fronteras (Ed. Milenio) en 2008 y el libro Cartes al meu fill, un català de soca-rel, gairebé (Ara llibres) en 2011. Colabora de forma regular con el diario El Periódico de Cataluña, de forma puntual con El Punt/Avui y el diario.es y ha colaborado puntualmente con otros periódicos como El País, L’Ara y de forma regular durante tres años con el diario El Público.

Juan José Téllez (Algeciras, 1959) periodista y escritor gaditano, es un hombre comprometido con su tiempo y que lleva dedicado como periodista a temas de diversidad e inmigración desde el año 79. Ha escrito libros de poesía, relatos, ensayos, de este último género destacamos el ensayo sobre la inmigración clandestina con título “Moros en la costa”, con prólogo de José Saramago. Actualmente es director del Centro Andaluz de las Letras (CAL) y del programa ‘Bienvenidos’ de Radio Andalucía Información (RAI).

Entrada libre y gratuita hasta completar aforo
Con la colaboración del Centro Andaluz de las Letra

dijous, 7 de març de 2013

RECOMIENDO "MI OÍDO EN SU CORAZÓN" DE H. KUREISHI




Cita: "Si la falta de pertenencia se considera el gran problema
específico de los inmigrantes, a papá le fascinaba otra clase de
pertenencia, lo que podríamos llamar vocación
"

Entrevista al autor de Lourdes Gómez:
http://elpais.com/diario/2005/09/03/babelia/1125704350_850215.html

"Ser humano implica ser multicultural"

Lourdes Gómez, 3 de septiembre de 2005
El escritor y guionista británico de padre paquistaní y madre británica se adentra en su herencia familiar en Mi oído en su corazón, su última novela. El autor de El Buda de los suburbios parte en esta nueva obra de los escritos, nunca publicados, de su padre para reconstruir las facetas que de él desconocía y reflexionar acerca de la inmigración, el racismo y la identidad.
         Hanif Kureishi dialoga con su padre en Mi oído en su corazón (Anagrama), su última obra. Se enoja, se rebela y se enerva a medida que indaga en el pasado familiar que va descubriendo en las novelas biográficas que su difunto progenitor escribió pero nunca pudo publicar. El reconocido autor rescata del olvido una infancia en India, con el islam de fondo y el germen sembrado del Estado de Pakistán. Traza la diáspora familiar y el exilio voluntario de su padre para asentarse permanentemente entre la anónima clase media de los suburbios ingleses. En las mismas calles residenciales a las afueras de Londres, nació y creció el futuro escritor entre colegas que salían a la caza de pakis, el insulto despectivo tan arraigado entonces para referirse a los inmigrantes asiáticos.
            En Mi oído en su corazón, Kureishi desempolva la competencia entre hermanos, las rivalidades paterno-filiales y se pregunta en cierta ocasión si está practicando "una autopsia o haciendo el amor" con su padre, Shannoo. Narrada en un estilo libre, hilando los escritos paternos con sus propias reflexiones y notas autobiográficas, la historia lleva a su autor a enfrentarse con cuestiones de identidad, inmigración, racismo y religión.
En las oficinas de su agente literario, a dos pasos del mercadillo de Portobello en Londres, Kureishi, de 50 años y padre de tres hijos, se define como un "escritor británico" que se adentra en el entorno político y social a través de sus obras literarias, guiones cinematográficos, ensayos y artículos de prensa. Centra con frecuencia sus tramas en comunidades de origen asiático como las de los protagonistas de sus novelas más populares El Buda de los suburbios y El álbum negro. Entre sus trabajos llevados al cine se encuentran Mi hermosa lavandería, My son the fanatic e Intimidad (todos en Anagrama).
PREGUNTA. ¿Sufrió escribiendo la novela?
RESPUESTA. Sí, fue doloroso pero aprendí mucho acerca de mi padre: sobre su historia, las relaciones con su familia, el trauma de ser un inmigrante...
A través de sus escritos pude observar desde un primer plano su vida interna y descubrir cómo era. Una oportunidad excepcional e inusual para un hijo. Me llegué a sentir como un intruso penetrando en áreas de su vida que no quería conocer. Sientes que no puedes entrar en el dormitorio conyugal, que debe haber una barrera entre ti mismo y tus padres. Por otro lado, con los años, quieres ver a tus padres como adultos, no sólo como el niño que siempre has sido para ellos. En cierta forma actúo de padre de mi padre pues he publicado sus libros o los he dado a conocer al mundo en mi novela.
P. A su hermana le molestó el retrato familiar que presenta en el libro.
R. Sí, porque ella tiene su propia versión de cómo era mi padre. Los hijos rivalizan por el amor de sus padres. En eso consiste ser niño y tener hermanos. Me hubiera sorprendido si mi hermana no se hubiera enojado. Hubiera sido peor porque implicaría que vivíamos bajo un sistema mucho más autoritario. A mi madre, en cambio, le encantó el libro. Le pareció bastante conmovedor, honesto y bueno. Mi padre siempre quiso publicar sus novelas. Envió los manuscritos a editoriales, así que no los escribió para sí mismo. Que las quisiera ver editadas de esta forma, eso no lo sé. Lo dudo. Él quería ver su nombre en la portada, no el mío.
P. ¿Le sorprendió la rivalidad e incluso los celos de su padre frente a su éxito como autor?
R. Se dan toda una serie de complicadas negociaciones entre padres e hijos. Son rivalidades extremadamente importantes y delicadas que surgen constantemente. No es tan claro que un padre siempre desee lo mejor para sus hijos ni que éstos, a su vez, sólo quieran impresionar a la figura paternal. Un hijo se da cuenta de que puede humillar a su padre y hacerle sentirse pequeño si es más inteligente que él. A mí me encantaría que mis hijos me superaran como escritor, pero quién sabe lo que quiero inconscientemente. En lo más profundo de nuestro interior reina la ambivalencia.
P. ¿Quizá por eso no leyó las novelas de su padre cuando el vivía?
R. Yo quería centrarme en mi vida. Mis hijos no leen mis libros ni ven mis películas. Los gemelos tienen 12 años y el pequeño 7 y no les interesa nada mi trabajo. Eso es bueno. Demuestra que van distanciándose de sus padres, comenzando a adquirir su independencia, lanzándose al mundo exterior y allí es donde deben estar. Algún día leerán mis novelas y se preguntarán qué tipo de persona soy. De momento es un campo en el que todavía no son capaces de lidiar.
P. ¿Le acarreó problemas de identidad su ascendencia paterna?
R. Mi familia, con la excepción de mi padre, se fue de India a Pakistán. Mi padre emigró a Inglaterra, trabajó en la Embajada paquistaní de Londres y se hacía llamar paquistaní. Se ofendía mucho cuando yo le decía que era indio puesto que había nacido y crecido en India. Todo era muy complicado y tuve que esforzarme en descifrar su significado. Por mi parte, yo me considero un escritor británico. Un británico con dos historias familiares, la de mi padre y la de mi madre inglesa. Ser humano implica ser multicultural. Y hablar de multiculturalismo significa hablar de un chaval que está formado por diferentes cauces de la historia, ya sean indios, ingleses o españoles.
P. Cuenta en el libro que su padre leía casi en exclusiva literatura occidental. ¿Renegaba así de su propia cultura?
R. La generación de mi padre estaba enamorada de Estados Unidos. Les atraía mucho porque era una cultura enrollada. Les encantaba la literatura americana, autores como Hemingway, F. Scott Fitzgerald... Les gustaba la música y se identificaban con los negros. Eran los años cincuenta, el islam como ideología radical aún no se había formado y ellos querían todo lo que Occidente les ofrecía. Emigraron a Estados Unidos y a Inglaterra porque deseaban un mejor nivel de vida para sus hijos.
P. ¿Lo paquistaní conlleva ahora cierto estigma, especialmente tras los atentados de Londres del 7-J?
R. Implica estar envuelto en la coyuntura mundial actual. Vivimos tiempos muy políticos, extremadamente interesantes, con debates sobre la raza, la integración, la religión, el islam, el liberalismo... La era desde el colapso del comunismo, en 1989, hasta el 11-S fue un periodo despolitizado, pero ahora todo el mundo habla de política y yo me siento parte de los argumentos dada mi herencia paternal.
P. ¿Siente una responsabilidad mayor como intelectual?
R. Como escritor mi trabajo consiste en intentar comprometerme con lo que sucede en el mundo. Yo planteo cuestiones. Así lo he hecho con El álbum negro, en el filme My son the fanatic, en mis ensayos e incluso en Intimidad, que trata sobre el matrimonio y la sexualidad. Los intelectuales, si acaso ocupan una posición, es la de razonar objetivamente sobre cuestiones candentes, algo que los políticos no pueden hacer. Meditan seriamente sobre asuntos duros, intentando no tomar partido y aportar puntos de vista y argumentos que ayuden a descubrir el camino. Si hay una posición que nos corresponde como intelectuales es la de participar en la conversación.
P. En El álbum negro ]]> y en otras obras ha demostrado buena intuición para desvelar cuestiones conflictivas.
R. El álbum negro es un retrato de lo que pasaba en las mezquitas en los años noventa. Funciona bien en cuanto esboza cómo eran esos chavales que ya no podemos ver entre tanta paranoia y policía. Ahora se mueven en la clandestinidad. El libro muestra el tipo de argumentos y el nivel de los debates que entonces se mantenían en las mezquitas. Sorprendentemente, falta violencia en la novela si se compara con las acciones que tipos semejantes están hoy dispuestos a perpetrar.
P. ¿Dónde sitúa, diez años más tarde, a sus personajes de El álbum negro ]]> ? ¿En la ruta del islam radicalizado?
R. Algunos sí, muchos otros no. La mayoría de los musulmanes quiere educación, salud y una vida pacífica. El islamismo radical es como el trotskismo de los años setenta. Atrae a tipos locos, pasados de vueltas, que pueden ser muy peligrosos. Pero no son muchos. Por otra parte, sin embargo, es un movimiento mundial y la guerra de Irak está generando más y más gente airada. Por eso la situación es tan peligrosa. Estados Unidos invadió Irak sin una razón válida y personas de todo el mundo están luchando para liberar el país de los estadounidenses. Los españoles fueron bastante más inteligentes y se salieron prontito.
P. ¿Cómo explica la rebelión del joven británico contra sus padres y líderes moderados islámicos?
R. Se da particularmente en el norte de Inglaterra, entre jóvenes que sienten que sus padres han renunciado a la religión. Se pueden tomar dos alternativas. O asimilas, como yo lo he hecho, la cultura occidental y te vuelves británico o, por el contrario, abrazas más y más el islam, cortas con el entorno y te aíslas crecientemente dentro de una pequeña comunidad. En otras palabras, o repudias tu pasado o lo preservas y te conviertes en un fundamentalista. No hay una solución única, sino numerosos caminos para resolver el conflicto de tu pasado, tus padres, tu historia. De eso trata Mi oído en su corazón, de cómo utilizamos a nuestros padres y de lo que queremos hacer con lo que llamamos tradición.
P. ¿Cómo afectó el racismo a su proceso de asimilación de ambas herencias?
R. Cada cual descubre su solución en función de su forma de ser y de lo que desea conseguir. No sólo debe funcionar conscientemente, sino inconscientemente también. El Reino Unido es hoy bastante diferente del país donde yo crecí en los años sesenta. Era mucho más racista, pero hemos cambiado la sociedad. Entonces se daba por sentado que los negros y asiáticos éramos inferiores. Hemos progresado enormemente. Sólo hay que ver la televisión para comprobarlo. Pero también en la prensa, en la literatura, en el cine, en la música... se aprecia la transformación. Ahora la sociedad es multirracial y desde luego mucho más multicultural.
P. ¿Aboga por el modelo británico como sistema de integración y cohesión social?
R. Es el modelo que yo prefiero y la única vía para preservar la identidad individual y unirse a la sociedad. El sistema francés no funciona. Es desesperante. No hay país más racista que Francia. La televisión, la literatura, el cine... todo es completamente blanco en la cultura francesa. Los musulmanes se sienten alienados. Nunca ves a un negro o a un asiático en televisión. La literatura está prácticamente muerta y, con la excepción de Michel Houellebecq, un buen amigo mío, no se promueven nuevas voces negras, asiáticas, árabes
... El modelo francés es un desastre.
P. ¿En qué trabaja actualmente?
R. Estoy escribiendo un guión, que he titulado Venus y que se centra en tres personajes principales: dos hombres mayores y una chica. Lo va a dirigir Roger Michell, quien llevó al cine mi anterior guión, The mother. Esperamos comenzar el rodaje en el otoño. Al mismo tiempo, llevo siglos trabajando en una novela sobre una pareja asiática que se conoce por primera vez en los años setenta. La historia llega hasta el momento actual. Es una obra enorme que me está llevando mucho tiempo completar. Todavía no he avanzado mucho, pero tengo ya el título: Something to tell you (Algo que decirte).

"El islamismo radical es como el trotskismo de los años setenta. Atrae a tipos locos que pueden ser muy peligrosos. Pero no son muchos"


"O repudias tu pasado o lo preservas y te conviertes en un fundamentalista. No hay una solución única sino numerosos caminos para resolver el conflicto de tu pasado"

Británicos de Asia

PADRE ASIÁTICO, madre británica. O viceversa o simplemente hijos de inmigrantes criados en el Reino Unido. Las combinaciones son múltiples, pero el común denominador para los llamados escritores brit-asian (británicos-asiáticos) es la lengua inglesa. Desde el propio Hanif Kureishi y su memorable Buda de los suburbios (Anagrama) hasta el flamante ganador del último Premio Nacional del Reino Unido, Hari Kunzru, con su novela Leila.exe (Alfaguara), la lista es amplia y variada. Muchos de ellos tratan los problemas de identidad y de falta de pertenencia a los que se enfrentan estas nuevas generaciones de británicos, atrapadas entre la tradición y la integración en el país en el que han crecido. Uno de los primeros en obtener un amplio reconocimiento por parte de la crítica y el público fue Salman Rushdie con su novela Hijos de la medianoche (Plaza & Janés). Compañero de generación de Ian McEwan y Martin Amis, su próxima novela, por la que opta al Premio Booker, será una de las grandes novedades de la temporada. Hace apenas dos años, Monica Ali vino a sumarse a esta lista de autores de éxito. Con su primera novela, Siete mares, trece ríos (Emecé), obtuvo el Premio Orange, entró en la lista Granta y fue nominada al Booker. Una nueva revolución asiática, esta vez con nombre de mujer. A. AGUILAR

 OTROS LIBROS QUE RECOMIENDO:
 Amor a la carta, de Xavier Rius
LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO, DE VARGAS LLOSA
"X" DE PERCIVAL EVERETT
EL MAL ÁRABE, DE MONCEF MARZOUKI     

Salman Rushdie, Memorias    

Demonios íntimos, de Xavier Rubert de Ventós
Hacia una democracia laica, voces de mujeres musulmanas
Ara i aquí, P. Auster i J.M. Coetzee 

INFORMACIÓN PARA MIS AMIGOS ANDALUCES: ACTO CON J.J TELLEZ EN LA FUNDACIÓN TRES CULTURAS EN MÁLAGA


dilluns, 4 de març de 2013

DE LA IMMIGRACIÓ A LA CIUTADANIA, participo com a independent convidat amb Siscu Baiges, Xavier Rius i Fuad Saou a la Convenció "Primàries obertes" del PSC de Barcelona,

Durant les últimes dues dècades hem observat com la nostra societat ha anat incorporant persones de diferents racons del món. Els nostres veïns i veïnes tenen orígens molt diversos. Els nostres barris, ciutats, escoles, reflecteixen una diversitat difícilment reversible.
La realitat del nostre entorn ha canviat per sempre i ara ens toca seguir construint, des dels ideals de l’esquerra, i aconseguir una societat diversa per evitar caure en els models que fomenten la diversitat de societats.
• Què ens juguem si no som capaços de construir un model sòlid de convivència des de l’esquerra? En l’actual conjuntura econòmica i social , quines haurien de ser les directrius bàsiques a reflexionar per construir un model més eficaç de convivència?
• Quant a la ciutadania i defensa dels drets bàsics, com podem avançar en els drets de ciutadania per aconseguir més igualtat entre homes i dones? I el dret al vot?
• Quant a la interculturalitat, com podem seguir construint des de l’esquerra el model intercultural per reduir la xenofòbia?


Universitat Pompeu Fabra
Carrer Ramon Trias Fargas, 25-27
Barcelona.
Dissabte 9 de març
Hora: de  15,30 a 17 h.