dijous, 25 d’abril de 2013

RECOMIENDO "LA IDEA DE LA JUSTICIA" DE AMARTYA SEN


 CITAS:
"Me opongo a la plausibilidad de ver las emociones, la psicología o los instintos, como fuentes independientes de evaluación, sin el aporte del razonamiento. Pero los impulsos y las actitudes mentales conservan su importancia, y tenemos buenas razones para incluirlo en nuestra evaluación de la justicia y la injusticia en el mundo"

"La función de la democracia en la prevención de la violencia comunitaria depende de la habilidad de los procesos políticos incluyentes e interactivos para meter en cintura el fanatismo venenoso del pensamiento cultural divisionista"
Amartya Sen, Premio Nobel de Economía

'Puedo ser un académico pero también un agitador'

Considerado el humanista de la economía, el autor bengalí, premio Nobel en 1998 por sus trabajos sobre la defensa de la redistribución de la riqueza, aborda la teorïa de la justicia en su nuevo libro. "Para reducir la pobreza hace falta el Estado"

Sandro Pozzi, El País, 3 de abril de 2010 

 Hay quien le llama la Madre Teresa en el mundo de la economía. Amartya Sen (Bengalí, 3 de noviembre de 1933) es un Nobel original. No es de esos economistas a los que la Academia Sueca premia por complejas teorías o sofisticados modelos matemáticos para explicar lo que pasa en Wall Street. Es de los pocos laureados (1998) por su trabajo sobre la justicia social y la defensa de la redistribución de la riqueza, para hacer del mundo un lugar mejor para todos sus habitantes.
Sen ha orientado su trabajo a entender y combatir la pobreza, las desigualdades sociales. Rompió con la barrera que separa la alta teoría económica del mundo real. Y eso le convierte en uno de los académicos más respetados y reconocidos en el espectro intelectual. Fue su investigación sobre la economía del bienestar lo que le mereció el premio más reconocido del mundo. El año pasado fue investido doctor honoris causa por la Universidad Complutense.

La sociedad ideal, admite, no existe. Pero sí puede darse con soluciones para hacer frente a las injusticias. Es el hilo conductor de su último libro, en el que analiza siglos de pensamiento sobre La idea de la justicia. Ese es su título. Amartya, el humanista de la economía, recibió a Babelia en su despacho en la Universidad de Harvard, en Boston. La entrevista se queda corta ante una mente tan brillante y ágil, que no pierde el ritmo de la actualidad.
PREGUNTA. ¿Considera su libro como una síntesis de sus más de cinco décadas de trabajo?
RESPUESTA. No enteramente. Es cierto que contiene muchas de las cosas que he intentado hacer en el campo de la filosofía y de los asuntos públicos. Los quince trabajos que he hecho sobre la materia están utilizados de alguna manera, como también los que he realizado en economía y otras áreas. Pero algunas de las cosas que presento son nuevas, están escritas en los últimos cinco años. Las he ido evolucionando en mi mente y sólo cuando las tenía claras, y alcancé un equilibrio en mi pensamiento, me lancé.
Intenté poner varias cosas juntas: mi crítica al utilitarismo, mi rechazo a la visión estándar de la racionalidad, mi trabajo en capacidades y libertades, mi trabajo sobre la no búsqueda del estado de perfección como la mejor manera de afrontar problemas prácticos. Emergieron antes, pero encontré la forma de que encajaran.
Hasta cierto punto, no he tenido que revisar mucho mis puntos de vista. Pero sí hay algunos ajustes. Había ciertas influencias ahí detrás, inspiraciones, y hasta ahora no había reconocido lo sólidas y relevantes que eran para mi propio trabajo.
P. ¿Por qué una idea de justicia?
R. Independientemente de que se traduzca en una, dos o tres teorías, es importante desarrollarla por tres razones. La primera, en cualquier análisis social hay que plantearse la cuestión de la justicia para evaluar si una sociedad va bien o no, para entender lo que pasa en ella. Mi teoría de justicia se preocupa más por lo que pasa en el mundo real, no en cómo sería en un mundo perfectamente justo.
Segundo, para poder asesorar a los Gobiernos en materia de políticas públicas. Y también desde el punto de vista de la agitación política. Puedo ser un académico, pero también soy un agitador. Ya cuando era estudiante, participé en protestas por los sueldos de los profesores. Y recientemente, con mis discursos y participación en campañas sobre el derecho a la comida.
Y tercero, el comportamiento humano es muy dependiente de la percepción que se tiene de la justicia a la hora de entender lo que se debe hacer. Es algo sobre lo que he insistido durante mucho tiempo y no se tiene siempre en cuenta. Es una parte importante para entender y explicar determinados comportamientos, y también para predecirlos.
P. Hay quien pueda interpretarlo como una ruptura con la tradición seguida en Occidente al analizar lo justo.
R. Es cierto que no pretendo que la teoría de la justicia sea sólo sobre instituciones justas. Las instituciones son también muy realistas. Mi visión no es antiinstitucional. Pero al final, todo es sobre cómo va la vida de la gente. Las instituciones afectan a nuestras vidas, claro, pero también nuestro comportamiento y cómo nos vemos los unos a los otros.
P. ¿No le da la impresión de que los líderes están más preocupados por dar con un modelo de sociedad justa?
R. Lo están. Y por eso, están haciendo algo que es muy importante incluso si la justicia no depende exclusivamente de las instituciones. Las instituciones deben reformarse de una manera apropiada. Sin embargo, puede darse el caso de que se tengan muy buenas instituciones y que no funcionen lo bien que se espera.
P. ¿Piensa en Naciones Unidas?
R. Creo que es más criticada de lo que se merece, especialmente en Estados Unidos. Pero claramente puede ser más efectiva, sin duda. Creo que como institución no ha desarrollado todo su potencial.
P. La justicia se relaciona con figuras como Indira Gandhi o Martin Luther King. ¿Buscaban la perfecta o la reparable?
R. Es una cuestión muy profunda. Creo que trataban de centrarse en reducir la injusticia existente. Luther King no trataba de hacer América perfectamente justa con los cambios por los que luchaba. Ni siquiera creo que Abraham Lincoln pensara que aboliendo la esclavitud haría una América perfectamente justa. Pero sí pensaban los dos que reducirían la injusticia de una manera que la gente podía entender y ver por qué se hacía. Gandhi, quizás, sí utilizara en su retórica la visión perfecta de la justicia. Pero incluso en su caso, su razonamiento era sobre cambios posibles.
P. ¿No cree que ahora hay demasiada retórica vacía, aunque esté bien intencionada?
R. Si se quiere movilizar a la gente, la visión de la sociedad perfecta es importante. Libertad, igualdad y fraternidad. Es un buen eslogan de la Revolución Francesa, muy efectivo. La retórica es importante y hay que hacerla bien. Pero también hay que decir que cualquier cosa puede convertirse en víctima de la retórica. Eso es algo que debe tomarse muy en serio, porque los resultados pueden ser contraproducentes y apartarnos de lo que realmente tratamos de hacer. La retórica del mundo perfecto puede convertirse en una barrera al progreso, volver contra el cambio.
P. Hablando de eslóganes, ¿existe la guerra justa?
R. No me gusta nada ese término. Haciendo esa pregunta, acabamos debatiendo algo sin sentido. Ninguna guerra es justa, ni se puede justificar. Podemos preguntarnos si, dadas las circunstancias, la alternativa puede ser peor que no pasar a la acción. En Afganistán están sucediendo muchas injusticias. Se está haciendo a costa de civiles inocentes. Pero la alternativa no es menos injusta: niños sin educación, una esperanza de vida de 30 años, enfermedades y una enorme miseria. Se podría decir que es la opción menos injusta a no hacer nada. Lo mismo podría decirse de la Segunda Guerra Mundial. El hecho de que una guerra se justifique no significa que sea justa.
P. Le da gran importancia al discurso público, como elemento central de la idea de justicia.
R. Lo es. El diagnóstico de lo que es injusto, de cómo debe reducirse la injusticia, depende del razonamiento público. Es necesario para comunicarnos entre nosotros, para aprender los unos de los otros y para clarificar nuestras mentes. Para mí es muy difícil escribir un libro si antes no he debatido mis ideas con los estudiantes. En parte, porque recibo muy buenos comentarios y porque al intentar explicarles las ideas, éstas se hacen más transparentes. La articulación clarifica e ilumina.
P. El debate es esencial para una sociedad libre. ¿Pero esa libertad conlleva responsabilidades?
R. Nadie asume responsabilidad de sus discursos. El caso de la reforma sanitaria en Estados Unidos es un ejemplo. Se han dicho verdaderas mentiras desde el ala más conservadora. Pero los que debían responder a ellas, los demócratas, también fallaron al explicar. Es por eso por lo que creo que el debate público debe hacer a la gente responsable, al exponer las mentiras. Hay algo en el sistema institucional de Estados Unidos que incentiva a adoptar posiciones extremas y a distorsionar la verdad.
P. Hay gran confusión sobre la naturaleza y funcionamiento del capitalismo. ¿Qué tipo de intervención es necesaria?
R. Hubo un tiempo en el que la gente estaba realmente convencida de que cualquier intervención en el mercado era un error. Se dice que el capitalismo tuvo su periodo más exitoso tras la Segunda Guerra Mundial. No es del todo correcto. Cuando la contienda acabó, en los años cincuenta, sesenta y setenta, no sólo la economía de mercado ganó vigor, también el Estado de bienestar. Después la retórica dominante fue que el mercado era un diablo. Lo que se necesita es una complementariedad entre el Estado y el mercado, es decir, se acepta que debe existir una regulación decente y que el Estado debe jugar un papel suplementario en educación, sanidad y a la hora de proveer una red de protección social.
P. ¿No cree simplista justificar la crisis por el egoísmo?
R. Unas veces se dice que la economía de mercado es muy buena, y luego que es terrible. Lo mismo pasa con el concepto de interés propio. Hubo gente en los años setenta, ochenta y noventa que citó una y otra vez diez líneas de Adam Smith para justificar que contribuiría a crear un mundo decente y magnífico. Al final ha resultado ser que no. Pero Smith también dijo que para reducir la pobreza hace falta del Estado. Pienso lo mismo.
P. Es decir, ¿se exageró el concepto de mano invisible de Smith?
R. Puede parecer sorprendente que diga esto (dice entre risas), pero nadie ha sido peor entendido que Adam Smith.
P. El exceso de confianza también está detrás de la crisis.
R. Cierto. El exceso de confianza y, añadiría, que el hecho de no ser lo suficientemente crítico pueden generar una crisis. Se necesita una confianza razonable para que pueda funcionar el mercado. Porque cuando esta se pierde, se derrumba. No se trata de tener confianza en nosotros, si no entre nosotros. La confianza mutua es clave.
P. ¿Cree que el Nobel de Economía está alejado de la realidad, de problemas como la desigualdad o la pobreza?
R. Siempre habrá gente que comparta la elección, y otros que no. Es un reconocimiento al trabajo hecho durante la vida.
Leer entrevista en El País

 OTROS LIBROS QUE RECOMIENDO:
Crítica de la razón árabe de Abed Al Yabri
Mi oído en su corazón de H. Kureishi
 Amor a la carta, de Xavier Rius
LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO, DE VARGAS LLOSA
"X" DE PERCIVAL EVERETT
EL MAL ÁRABE, DE MONCEF MARZOUKI     

Salman Rushdie, Memorias    

Demonios íntimos, de Xavier Rubert de Ventós
Hacia una democracia laica, voces de mujeres musulmanas
Ara i aquí, P. Auster i J.M. Coetzee

dimecres, 17 d’abril de 2013

ACTE ST JORDI, EL DIA 25, DE L'ASSOCIACIÓ CAT. DE PSICOTERÀPIA PSICOANALÍTICA. Llegiré fragments de Hanif Kureishi

El 25 d'abril l'Associació Catalana de Psicoteràpia Psicoanàlitica (ACPP) celebra la diada del llibre de Sant Jordi amb diferents lectures. Jo llegiré fragments d'un dels meus referents, Hanif Kureishi, del seu llibre "Mi oído en su corazón". Lluïsa Etxebarría llegirà poemes, i hi haurà una exposició de pintures de la Raquel Vidal.
Plaça Bonanova, 11, entresòl. A les 21 hores.

dimarts, 16 d’abril de 2013

RECOMIENDO: CRÍTICA DE LA RAZÓN ÁRABE, DE ABED AL-YABRI


Cita: "La tradición tal como la vivieron nuestros antepasados y tal como se conservó en los libros no puede responder a nuestras preocupaciones presentes. Sólo podemos dialogar, queramos on no, con los elementos que perviven de nuestra tradición. Nos referimos a lo que todavía es apto para responder a nuestras preocupaciones actuales, a lo que es susceptible de desarrollarse y enriquecerse de tal modo que pueda acompañarnos en el porvenir... Eso es, para nosotros, la autenticidad"




La posibilidad de una Ilustración árabe

 Celia Amoros, El País, 22 de mayo de 2010 (leer en El País)

 El pensador marroquí Mohamed Abed Yabri establece las bases para la construcción de una modernidad genuinamente árabe

Sophie Bessis, autora de Occidente y los Otros. Historia de una supremacía, afirma que los intelectuales críticos de los países musulmanes "tienen grandes dificultades para hacerse oír". Razón de más para que les hagamos de caja de resonancia. Y especialmente cuando nos han dejado, como Mohamed Abed Yabri, fallecido en Rabat a los setenta y cinco años el día 3 de mayo. Escribió varios libros importantes, de los que están traducidos al castellano parte de su Crítica de la razón árabe y El legado filosófico árabe. Crítico con el pensamiento analógico (pensar sistemáticamente el futuro en función del pasado) característico de los fundamentalistas, nuestro filósofo propone desecharlo si es que queremos conectar con "la modernidad planetaria". Pero entiende, contra la corriente del llamado "liberalismo árabe", que esa conexión no es posible prescindiendo en bloque del propio legado tradicional cual viajeros sin equipajes. Debemos partir "del espíritu crítico producido por nuestra propia cultura árabe" en cualquiera de los tramos en que éste se produzca: no hay que remontarse al pasado primordial. Y lo identifica en el fenómeno del averroísmo en Al Andalus. Lleva a cabo de este modo una "invención de la tradición", como lo diría Hobsbawm, orientada por los intereses de nuestro presente. Pues la separación metódica y consciente que Averroes, el Comentador de Aristóteles en la Córdoba del siglo XII, lleva a cabo entre la religión y la filosofía nos da la clave para plantearnos en el presente la cuestión del laicismo. Entiende Averroes que el ámbito de la filosofía tiene su propia racionalidad inmanente que consiste en la aplicación sistemática del principio de causalidad, en la estela de Aristóteles. Por su parte, en la esfera religiosa hay que remitirse para su inteligibilidad "a la intención del legislador" que no es sino la de "incitar a la virtud". La instancia religiosa, pues, deja de operar como referente totalitario de sentido. Se produce de este modo "el desencantamiento del mundo" en el que consiste la modernidad de acuerdo con el diagnóstico de Max Weber: la separación de distintas racionalidades inmanentes a los diferentes ámbitos que se han emancipado del referente común que los articulaba. Tenemos así, en la propia experiencia histórica árabe, lo que podríamos llamar la plantilla para construir una modernidad genuinamente árabe, para fundamentar, como lo expresaba Mohamed Abed Yabri, "nuestra modernidad en nuestra autenticidad y nuestra autenticidad en nuestra modernidad".

Celia Amoros. Publicado en El País


 OTROS LIBROS QUE RECOMIENDO:
Mi oído en su corazón de H. Kureishi
 Amor a la carta, de Xavier Rius
LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULO, DE VARGAS LLOSA
"X" DE PERCIVAL EVERETT
EL MAL ÁRABE, DE MONCEF MARZOUKI     

Salman Rushdie, Memorias    

Demonios íntimos, de Xavier Rubert de Ventós
Hacia una democracia laica, voces de mujeres musulmanas
Ara i aquí, P. Auster i J.M. Coetzee

diumenge, 7 d’abril de 2013

LA POLÍTICA DE LA NEGACIÓN, de Jesús Ferrero en El País

Jesús Ferrero, 6 de abril de 2013

El poder no reprime el sexo y el placer, sino que es el gran incitador y frente a él los asexuales y los anoréxicos representan un movimiento místico que retrotrae a la remota edad de los anacoretas

 

Todavía a finales de los años setenta del siglo pasado los maestros de la escuela de París permanecían cerrilmente empeñados en enjuiciar el poder como una fuente de represión del sexo y el placer y no como una fuente de incitación al sexo y a todos los placeres, perversos o no. Yo abandoné la escuela de París por eso: no estaba de acuerdo en esa visión del poder. Como estudiante de historia y antropología, tenía claro que habían existido formas de poder que en lugar de reprimir los placeres, sexuales o no, incitaban a ellos, y me parecía que en el Occidente moderno estaba ocurriendo lo mismo. Cuando Foucault cambió de enfoque y empezó a aceptar que el poder lejos de prohibir el desahogo pulsional lo estimulaba, para mí ya era demasiado tarde y me había olvidado de la universidad y de sus claustros, que por no protegerte ni siquiera te protegían del asesinato, como había demostrado el desdichado Althusser y su aún más desdichada víctima: su mujer.
Bien es cierto que todavía muchos ingenuos siguen viendo el poder como el eterno represor del sexo y los demás placeres, quizá porque no piensan en el poder romano.
Para ver hasta qué punto el poder en Roma incitó a toda clase de placeres, mórbidos o no, basta con recordar las fiestas de inauguración del Coliseo, con miles y miles de animales sacrificados, cientos de ejecuciones, cientos de representaciones más o menos mitológicas con escenas de bestialismo y zoofilia… Fue la gran bacanal del sexo, la muerte y la sangre, en la que pudieron solazarse los trescientos mil parados que en aquel momento tenía Roma.
Desde los años setenta (en realidad ya antes, si bien no de forma tan insistente) el poder en Occidente ha asumido el papel que tenía en Roma: el de gran incitador, y en modo alguno el de gran represor. Uno de los asuntos más insoportables de la posmodernidad es que todavía existen predicadores que pretenden liberarnos de problemas de los que quizá siempre hemos estados liberados. A este respecto recuerdo lo que me decía mi madre, una mujer de posguerra que se casó embarazada. “¿De modo que piensas que ahora folláis más que antes?”, me preguntaba, y añadía: “¡Que ingenuidad! La humanidad siempre se las ha arreglado para cumplir con su deber fundamental”. Mi madre cree que siempre se ha follado más o menos igual, es una certeza que nunca la ha abandonado, y esa sabiduría tan desmitificadora ha sido muy importante en mi vida, y todos mis acercamientos a la historia y a la antropología han estado presididos por esa verdad heredada de la mujer que me trajo al mundo, y que me ha librado de muchos espejismos acerca de la sexualidad.
 Vivimos sumergidos en un universo lleno de mensajes incitadores sobre el comer y el follar

El poder como incitador y no como represor desarma a los que aún se llenan la boca con conceptos como represión, liberación, derrocamiento de tabúes y necedades por el estilo. Todavía no hace mucho anunciaban en un telediario una obra de teatro en la que, según decía la presentadora, “se ensalzaba un sexo sin tabúes”. Se refería al sexo anal. Vaya memez, ¡como si ahora estuviera prohibida la sodomía y fuese necesario educar a ese respecto al personal!
Vivimos sumergidos en un universo lleno de mensajes incitadores sobre el comer y el follar, el follar y el comer. ¿Cuántos programas gastronómicos hay en la televisión? ¿Y cuántos que tocan de una u otra manera el sexo, sin contar que a partir de una determinada hora todos los canales se vuelven pornográficos, incluidos algunos de inspiración católica?
Ocurre sin embargo que cuando los sistemas se empecinan en repetir siempre los mismos mensajes incitadores, generan asfixia en el cuerpo social, y empiezan a surgir rebeliones y místicas de la negatividad. Los anacoretas del siglo III después de Jesucristo huían al desierto porque rechazaban políticamente la disipación tan publicitada por el sistema romano. Era una opción mística, pero a su manera era también una opción política que consistía en abandonar la polis y todas las incitaciones del poder. San Agustín, que fue de joven amante de los espectáculos circenses y sangrientos, sabía algo de eso.
Creo que es desde ese ángulo desde donde debemos ver el movimiento de los anoréxicos, por un lado, y por otro el movimiento de los nuevos apáticos y negadores del sexo, que se está extendiendo en Japón de forma inquietante pero en modo alguno sorprendente.
En un mundo gobernado por la gula y el placer de comer y defecar, como si fuésemos un tubo más que un organismo, el anoréxico se sitúa como el místico de la privación más radical que cabe imaginar, una privación que ya fue adoptada por los anacoretas del pasado. Ellos eran también claramente negadores de la gula y sentían las mismas sensaciones que los místicos de la privación de ahora: los anoréxicos.

Más allá de que pretendan imitar a las modelos, como creen los habituados al simplismo, los anoréxicos son místicos que rechazan comer, algo tan fundamental como respirar, enfrentándose crudamente a sus padres, que les dieron la vida y los alimentaron. Pero en realidad no hacen nada que no hicieran anacoretas como san Antonio, el de las visiones, el alucinado. Y los místicos de ahora que se privan de comer ya saben también que no alimentarse es exponerse a toda suerte de alucinaciones, algunas muy pavorosas y de una intensidad muy superior a las propiciadas por las drogas.
¿Es la respuesta a tanto exceso gastronómico, a tanto gordo, a tanta grasa, a tanta publicidad, a tanta incitación sistemática? ¿Es también buscar la muerte? Seguramente sí, pero todo nuestro sistema está impregnado de muerte y desesperación.
 Una mística reciente de la privación es la de los negadores del sexo, que en Japón es ya casi una epidemia

Otra mística de la privación, más reciente, es la de los negadores del sexo. Puede que el 5% de la población mundial sea asexuada, como decía en un excelente artículo Rita Abundancia, pero es que en Japón, curiosamente el país más pornográfico y pederasta de la tierra, la asexualidad se está propagando como una epidemia, sobre todo entre los adolescentes. Ocurre además que en muchos casos el desdén por el sexo se conjuga con el desdén por la comida (en un país como Japón con una gastronomía tan cultivada), y se limitan a alimentarse de cereales con leche. Resulta muy sintomática esta tendencia, surgida en el seno de la cultura más cibernética del mundo, en la que todos los individuos viven enganchados a los hilos del sistema, como elementos de una misma máquina bien engrasada y digitalizada, y donde las rebeliones han brillado por su ausencia.
Son nuevos movimientos de anacoretas, que surgen de nuestras sociedades como surgieron en los primeros siglos del cristianismo y por razones muy parecidas. Son nuevas disciplinas de la privación en el interior de sistemas que nos incitan a no privarnos de nada. Toda una mística y toda una política tan explícitas como reales, lo queramos aceptar o no. La humanidad se las arregla para cumplir con sus deberes gastronómicos y sexuales, cierto, pero también para oponerse a ellos cuando se cansa y cuando quiere plantar cara a las órdenes sistemáticas por hartazgo, por asco, por fatiga y desidia. Viendo lo que está pasando uno entiende mejor el mensaje de Sartre: “Estamos condenados a ser libres”, y cuando nos obligan a comer y a follar por sistema, de pronto decidimos no hacerlo, en parte porque no conocemos un infierno más tétrico que la sensación de esclavitud. Los caminos de la rebelión son tan inextricables como los del Innombrable, dirían los dos hombres que esperaban a Godot.
Jamás caeré en la asexualidad y en la anorexia, ni aconsejo caer en ellas, pero entiendo por qué en nuestro tiempo surgen movimientos que nos retrotraen a la remota edad de los anacoretas.
Jesús Ferrero es escritor.

divendres, 5 d’abril de 2013

DIVAN. LES COMPLEXES DES MAROCAINS, Telquel

A l’occasion de la publication de son dernier ouvrage, Un psy dans la cité, le psychanalyste Jalil Bennani décortique, pour TelQuel, les états d’âme de nos concitoyens.
  • 25 Mar 2013
  • Par : Propos recueillis par Ayla Mrabet
Le spectre de la tradition 
“Les traditions appartiennent d’abord à l’histoire individuelle et collective. Aujourd’hui, elles ne sont plus ce qu’elles étaient. A la pointe de leur remise en question, il y a les jeunes. Ils appartiennent à la nouvelle génération, qui ne se reconnaît plus dans les valeurs qu’on voudrait continuer à perpétuer. C’est que les traditions peuvent véhiculer un certain nombre de normes, d’interdits et de tabous. La restriction à la liberté de parole, avec le concept de ‘hchouma’ qui en fait partie, consiste à ne pas dire ce qu’on pense devant quelqu’un faisant figure d’autorité, en signe de respect. La valeur positive de la “hchouma”  est devenue négative. Aujourd’hui, c’est celui qui n’est pas dans la “hchouma”, qui a osé s’exprimer, qui est porté aux nues, parce que capable d’exprimer ses désirs et ses attentes”.
“On a souvent parlé de schizophrénie du Marocain. Je préfère parler de pluralité identitaire. Pourquoi vouloir séparer les traditions et la modernité, lorsqu’on pourrait simplement prendre en compte les éléments de la tradition qui doivent changer ? La tradition peut se réinventer et s’inscrire dans l’actualité et les valeurs universelles. Nos spécificités culturelles n’empêchent pas notre intégration au monde moderne. Au lieu de voir cette pluralité des identités comme un déchirement, on peut la considérer comme une richesse. Les mutations sociales ne peuvent se produire dans la crispation. Le “mal d’identité”, lui, peut être défini comme une sorte de nostalgie. En perte de repères, se rattacher à un souvenir d’identité peut représenter une sécurité. Mais l’identité n’est pas figée. Elle est mouvante et fluctue au gré des époques. S’y accrocher de façon déterminée ne peut être que signe d’enfermement”.

Ces obscurs objets du désir
“Notre psychisme est bisexué. Dans l’inconscient de chacun réside une part masculine et une part féminine. Cette bisexualité nous renvoie au fait que l’identité sexuelle n’est pas uniquement déterminée par notre anatomie. C’est le désir qui structure notre identité sexuelle. Nos désirs font partie de notre structure humaine et façonnent nos pratiques sexuelles. Les réprimer ne les supprime pas. Reconnaître, pour un homme, sa part féminine, ne renvoie pas automatiquement à une forme d’homosexualité. Mais une grande affirmation de sa virilité, à l’encontre des femmes généralement, est souvent la traduction d’une peur de cette féminité refoulée”.
“Les désirs appartiennent à des époques, des cultures et des sociétés. Certaines d’entre elles ont libéré le rapport sexuel là où d’autres l’ont réprimé. Dans l’islam même, il y a le courant des jouissances et celui des interdits. C’est ce dernier qui domine, à notre époque. Mais rien n’est figé. Ainsi, à l’intérieur même d’une spécialité comme la psychiatrie, ce sont parfois les pressions sociales qui abolissent certaines classifications et catégories dites scientifiques. Par exemple, l’homosexualité, qui était rangée dans les perversions aux Etats-Unis, y est désormais considérée comme une forme de sexualité”. 
“Les frustrations existent chez tout être humain. Le désir est concomitant aux notions d’interdit et de manque. On cherche toujours les objets de ses premières amours, à travers une ressemblance, un trait ou une consonance. Mais des frustrations trop importantes peuvent engendrer des troubles, des névroses et des perversions. Empruntant des déviations du désir, le pervers peut prendre une personne comme objet du désir, dont il se sert, et non comme un sujet, un partenaire”.

Ma langue, mon drame
“La darija est la langue première dans laquelle l’enfant grandit, celle dans laquelle il structure ses premières phrases. Le débat autour de l’usage de la darija et de l’arabe classique représente une situation de diglossie, à savoir la présence de deux variantes à l’intérieur de la même langue. Même si elle n’est pas reconnue officiellement, la darija est inévitable. On la retrouve dans nos échanges quotidiens, dans la publicité, sur les réseaux sociaux, et même sur le divan. Souvent, utiliser une langue de maîtrise, telle que le français, permet de mettre de la distance par rapport à la langue des affects. Le jeu entre plusieurs langues n’est pas un handicap, mais une source de richesses”.
“La question de la langue écrite soulève fatalement la question du pouvoir. On voudrait faire passer la langue vernaculaire pour une sous-langue, et l’opposer à celle que l’on écrit, qui serait noble, parce qu’étant la langue du Coran. Mais la langue, comme l’identité, est liée à la parole. La sacralisation de l’arabe est un débat qui a été créé pour paralyser la langue. Pourtant on ne se prive pas d’introduire dans l’arabe classique des mots techniques venus d’autres langues”.

Hogra, de père en fils
“La hogra est une humiliation associée à la peur, à la censure. Pendant des générations, le fait d’avoir accepté des situations de soumission et de servitude a contribué à leur perpétuation inconsciente. Pour le psychanalyste, cette notion de transmission inconsciente est fondamentale. Nous pouvons transmettre une humiliation, une peur ou une censure à notre insu. Souvent, il n’y a pas de différence entre la censure et l’autocensure, puisque la première a imprégné, des générations durant, les facteurs pédagogiques et psychologiques qui fabriquent la seconde”.
“Cette transmission inconsciente peut expliquer que certains jeunes soient plus répressifs, traditionalistes et conservateurs que leurs parents. Quelque chose dans l’inconscient parental s’est transmis inconsciemment par le processus d’identification à travers les générations. Ce qui a été refoulé chez les parents devient alors exacerbé chez la progéniture. Cette transmission, par le vecteur du langage, est le fait d’individus qui sont eux-mêmes pris dans le collectif, et donc dans la société”.

Garder la foi
“Le champ religieux est caractéristique de la contradiction entre la réalité et l’éducation. Lorsque l’on donne un enseignement religieux dogmatique, qui ne prend pas en compte les différences sociétales d’époque et occulte les différentes interprétations, il est impossible, même avec toute la bonne volonté du monde, d’appliquer les préceptes enseignés dans la réalité. C’est là tout le problème de l’éducation religieuse enseignée au msid et à l’école. Est-ce que l’établissement scolaire joue son rôle en termes de compréhension, de critique et d’intelligence ? Je ne le pense pas. Les aspirations des gens, ce qu’ils vivent et pensent, se retrouvent en décalage total avec ce qu’on leur a inculqué”.
“La sacralité ne fait pas partie de la pensée rationnelle. Elle est, dans les religions monothéistes, la croyance en l’au-delà, le fait pour l’être humain d’aspirer à l’éternité, dépassant l’énigme irrésolue de la mort. Toujours est-il que la science n’évacue pas la spiritualité. Dans l’islam maghrébin, le champ religieux est imprégné de maraboutisme et de magie. Ces rites-là ne sont pas à situer dans une contradiction avec le passage vers le thérapeute scientifique. C’est une coupure, et non une opposition. Au lieu de rapporter ses souffrances à des causes sacrées et cosmiques, on interroge ce qui vient de soi, de l’individu. Une personne peut à la fois mettre sa spiritualité dans la consultation d’un marabout et attendre les résultats des progrès de la science”.

Parution. Un psy dans la ville
Après Le corps suspect, La psychanalyse au pays des saints, Le temps des ados ou encore Traces et paroles avec le regretté Mohamed Kacimi, Jalil Bennani revient avec Un psy dans la cité. Publié aux éditions La Croisée des Chemins, l’ouvrage est une série d’entretiens accordés par le psychiatre au poète et enseignant-inspecteur Ahmed El Amraoui. Destiné à répondre “à une demande, une attente”, l’ouvrage s’attelle à décloisonner les disciplines, en donnant à certaines problématiques sociétales soulevées par l’actualité un éclairage psychanalytique. Parole et bilinguisme, religions et spiritualités, enseignement et éducation, liens et ruptures familiaux, crises et défis de la jeunesse… autant de thèmes abordés par le psychanalyste de manière exhaustive, intéressante et accessible